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Tuesday, February 22, 2022

Saturado de Chile

Es curioso estar en vísperas de partir del país que te vio nacer. Uno pasea por los distintos lugares con nuevos ojos, más abiertos de lo normal, menos cegados por la rutina. Cada mirada y cada percepción es tal vez la última por un largo tiempo, una despedida de cada una de las cosas que son parte de tu vida.

Lo que ciertamente no esperaba es que, al mirar de nuevo y despedirme, me inundara una mucho mayor sensación de alivio que de nostalgia. Que me topara con tantas y tantas cosas que definitivamente no voy a extrañar.

Pasear por Chile esta semana dio para contar una historia. Una de tacos por horas, de “bermistas” saliendo por el lado para andar sobre ambas pistas de ciclo vía, tan solo para casi atropellar un ciclista y luego, sin aprender o reflexionar nada, volver a la ciclo vía hasta que no se puede y ahí echarle el auto encima al que hacía cola para salir ganando a costa de todos. Es una historia de caminos llenos de basura y colapsados de humanidad. Del tipo con malas pulgas que me tiró garabatos desde su casa cuando nos detuvimos un segundo en la vereda de al frente a ver por qué sonaba una rueda del auto, al parecer creyendo que estaba meando la rueda en vez de revisarla. Le dije q se equivocaba y no me creyó, solo siguió increpándome sin razón.

Es la historia de la gente que anda en la pista equivocada sin importarle un bledo tener una cola de 20 autos para atrás, teniendo todas las oportunidades de dejarlos pasar. La gente sentada en la bocinas en los peajes para no pagar. De los que al parecer aprendieron que las luces de señalización a izquierda o derecha no son para dejar el paso, sino para acelerar y cortarlo. Del lugar ese por el que tienes que pasar preocupado y dónde a un tipo le hicieron una encerrona y lo bajaron de su auto a punta de pistola. O los camioneros que, sea justa o no su causa, encuentran que la manera de hacer “paro” no es “dejar de trabajar”, sino “bloquear todo y causar la mayor de daño posible a la mayor cantidad de inocentes posibles” (tengo una amiga que estuvo más de 7 horas, con niños y sin marido, atrapada sin saber qué hacer. Sin comida, baño, nada). ¿Qué hay de las guaguas? ¿Las ambulancias? Etc. Hasta vi un funeral a las 3 am tratando de llegar tal vez al cementerio.

Es la historia en que aparecen los kilómetros de humo producto de los incendios intencionales, las llamas visibles a ambos lados de la autopista, en que medio ahogado te preguntas cuanto rato te queda de aire para respirar, justo pasado el cartel que dice “Bienvenido a la Araucanía”. Nada sube la moral como ver los bosques en llamas. En fin, un solo viaje da para varias anécdotas, la historia probablemente podría seguir indefinidamente. Pero en fin.

La ciudad no es distinta. Están los problemas con mis vecinos, o los de mi arrendatario con sus vecinos. Los detalles aquí son muchos también, hasta el punto que me da lata entrar en el detalle. Mención honrosa eso si a los administradores de condominios que dicen que no pueden hacer nada sin la municipalidad y de la municipalidad diciendo que no hacen nada en condominios. Un amigo abogado me dice con franqueza “en esos temas no hay nada que hacer, todos se lavan las manos”.

Me toca subirme al metro, algo que no hacía hace tiempo por la pandemia, y me topo con el compadre con micrófono y parlante, al que le da igual la gente que va descansando, leyendo o escuchando su propia música en un espacio tan compartido y apiñado. Ni hablar de la loca vendiendo dulces, compitiendo con la petición por altoparlante de “por favor no comprarle a vendedores en el metro”. La vieja frente a mí que segundos después decide que quiere un dulce de todas formas.

Y es que de pronto me acuerdo porqué cada vez salgo menos de mi casa. Esa que me aísla del Chile del día a día a través de rejas altas, ventanas enrejadas, doble chapa, puerta de seguridad, cercos eléctricos, cámaras y guardias. No las puse yo, en mi rebeldía a vivir en una cárcel, pero he de reconocer que, cuando entraron armados a mi casa y me vi con un tubo de aluminio en la mano defendiendo la puerta del baño, mi señora y niños escondidos tras de mí, terminé por ser yo el que enrejara las ventanas.

Y es que en Chile, como en todos lados, hay más gente buena que mala. La pregunta es qué grupo es el que domina. Quién pone la pauta. Es ahí que no todas las sociedades son iguales, ahí que descubres que no todas tienen los mismos valores o formas de operar. Es ahí que te das cuenta de que en Chile no prima el que hace lo correcto, sino el que logra salirse con la suya. Desde la corrupción en los que tienen más y se salen con la suya hasta los “lanzas” que se salen con la suya, hasta los pequeños actos del día a día para los que estamos en medio medio. Es ahí que Chile, sin vergüenza o empatía, se vuelve una tragedia de los comunes, la tierra del “pillo chileno”, del “winner”. El que se salta la cola o se sube a la micro por atrás forzando las puertas. El que pide que le den pero no pone de su parte, buscando solo su propia conveniencia.

Al final, es luego de esta última semana en que he vivido todo lo anterior, que me doy cuenta de que mi amor por Chile es como el de un matrimonio cansado, sin ya convicción. Es ahora, al mirar de nuevo, que me siento como en una terapia de pareja, dudando de si quiero el divorcio. Creo que necesito un break. Me recuerda la escena del tipo diciendo “No eres tu, so yo”, cuando en verdad intuye lo contrario.

Sea como fuera, adiós Chile, separarnos es probablemente lo mejor.

Saturday, October 24, 2015

Vida vs Libertad



Los valores deben conversar

Hoy en día, nadie duda en que vida y libertad son algo positivo, algo que todos debiéramos defender. A nadie se le ocurriría decir "estoy en contra de la vida" o "no creo en la libertad" y esperar ser tomado en serio. Consideramos a ambos derechos fundamentales indiscutibles, pero sim embargo creo que debemos discutirlos.
Debemos discutirlos porque no siempre podemos tener ambos, porque en numerosas ocasiones entran en conflicto y nos vemos obligados a priorizar uno por sobre el otro. Y aunque esto parezca evidente, el nivel de conversación en estos casos es muy básico, casi sin argumentos. Es como si uno simplemente debiera escoger un bando y ya, al final, ambos son derechos fundamentales, ¿quién puede decirme que estoy equivocado?
Es esta falta de conversación, de argumentos, de siquiera un intento de formar un marco moral sólido que nos permita priorizar, el que permea las noticias estos días. Lejos de llegar a consenso, las posturas se polarizan, los bandos se separan y se extreman y los problemas se mantienen.

Una escala de prioridades

¿Qué tan valiosa es la vida?

Al hablar de valores fundamentales, es importante darnos cuenta que nada es un absoluto. Si la vida primara por sobre todas las cosas, ninguna causa sería suficiente para arriesgarla, ningún conflicto válido o necesario. Y sin embargo el ser humano arriesga su vida todo el tiempo, por causas que van desde lo loable y lo necesario hasta lo banal e incluso lo estúpido. Claramente, la vida no es la consideración última.
Es más, hay cierto debate sobre de qué hablamos cuando hablamos de vida. ¿Es tan solo un tema de cantidad? ¿Se mide acaso en número de minutos o hay grados de "calidad de vida" involucrados? Claramente no respetamos la vida por el solo hecho de que exista un ser vivo, por ejemplo, la vida animal nos interesa muy poco comparado con la humana. Por ende, la vida, en particular la humana, es una condición necesaria para la búsqueda de algo más.

¿Qué tan valiosa es la libertad?

Por otro lado, como sociedad entendemos que la libertad también tiene límites. Sabemos que mi libertad termina donde empieza la de otro, de lo contrario la sociedad caería en un caos total, en anarquía, libertinaje y la ley del más fuerte. En efecto, la privación de la libertad es el castigo último, pero como sociedad estamos dispuestos a usar este castigo de todas formas.
A diferencia de la vida, donde claramente estamos vivos, no es tan claro que tan libres somos en medio de nuestras circunstancias. Vivimos bajo serias limitaciones económicas, limitaciones de salud, leyes, responsabilidades, incertidumbre, etc. Estamos en muchos sentidos acostumbrados a ver nuestra libertad limitada de estas formas sin preocuparnos demasiado y dispuestos a sacrificar algo de libertad para otros fines. Por ende, pese a tener muchos más matices, la libertad también parece ser un medio en vez de un fin en sí misma.

La mayor prioridad.

Al final de cuentas, es claro que ni la vida ni la libertad son la esencia de lo que buscamos, ni los únicos criterios que importan. Pensamos también en términos de seguridad, educación, igualdad, oportunidades, salud, prosperidad, privacidad, sentido de vida, trascendencia, etc. La lista es muy, muy larga.
A estas alturas la respuesta es, para mí, obvia. El valor fundamental, el que está por sobre todo lo demás, es la felicidad humana. Basta hacer la pregunta directamente: ¿Prefieres una vida larga e infeliz o una corta y feliz? ¿Prefieres ser libre e infeliz o una esclavo y feliz? Las preguntas pueden parecer extrañas, ya que sin duda vida y libertad no están en general contrapuestas a la felicidad, sino del mismo lado, por eso las buscamos. Pero planteando asumiendo que no fuera así (y a veces no lo es), yo al menos escogería la felicidad en ambos casos.
El problema es que la felicidad no es un derecho, no es algo que podamos poner en la ley o en un decreto, es algo que debemos luchar por alcanzar y luchar por mantener. Más aún, en esa lucha es probable que, a pesar de nuestros mayores esfuerzos, conozcamos más de una vez la derrota.
Es para ayudarnos en esa lucha que buscamos garantizar, en la medida de lo posible, libertad, vida y tantas otras. Es importante no confundir los medios con el fin último, no perder de vista la felicidad y quedarnos en una discusión de libertad o vida, al fin y al cabo, es el fin el que puede iluminarnos cuando las prioridades parecen entrar en conflicto.

¿Quién decide?

Nada de lo que digo es nuevo, y hombres más grandes que yo lo han dicho con elocuencia, por ejemplo, la misma declaración de independencia de USA:
"We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness."[1]
El contexto de esa época era interesante en que, como en múltiples veces en la historia, muchos decidían arriesgar sus vidas en la lucha contra la tiranía, en la búsqueda de libertad. Esto es, para mí, tal vez el mejor ejemplo de que la libertad puede ser más importante que la vida misma. También fue Jefferson quién escribió:
"The tree of liberty must be refreshed from time to time with the blood of patriots & tyrants. It is its natural manure."
Pero los tiempos modernos son tal vez distintos, la tiranía no tan evidente, su cara no tan expuesta a la luz. Hoy nuestras tiranías son sutiles: gobiernos con aparente legitimidad que poco a poco se toman atribuciones que erosionan nuestros derechos, el aprovechamiento de los poderes económicos, el control de la información. Sutiles, pero no menos reales.
Sin embargo, esa sutileza va en nuestro favor, ya que al menos hoy la tiranía debe guardar las apariencias y debe, en alguna medida, responder a las personas. Es poniéndonos de acuerdo, es evitando que nos manipulen y dividan, que podemos ser libres. Es, por el contrario, cuando logran dividirnos, asustarnos y polarizarnos, que los gobiernos expanden su poder sobre nosotros.
¿Qué tiene que ver el tema de la tiranía y el gobierno con la libertad y la vida? Pues bien, la respuesta es que si bien la felicidad es personal y la moral es personal, a menudo son los gobiernos los que tienen la última palabra en estos temas. Nuestras opciones están influenciadas por la constante amenaza de violencia (policía), pérdida de prosperidad (multas) y pérdida de libertad (encarcelamiento). La opresión puede a menudo ser peor que el problema mismo que se esté discutiendo y se oculta tras las opiniones de las mayorías por sobre las minorías.
Como sociedad, debiéramos ser extremadamente cuidadosos al discriminar qué derechos puede el estado suprimir en nuestro nombre, en qué medida y por qué motivos. En la mayoría de los casos, debiéramos dejar que las decisiones sean tomadas en los círculos más cercanos al individuo que ve afectada su felicidad (el individuo mismo, su familia, etc.), dejando al gobierno tan solo como última instancia.

Llevando todo a terreno

Mi conclusión por ende es que la decisión de un individuo de sacrificar alguno de sus derechos tiene que ver con darle la mayor felicidad posible y es últimamente personal. De poco sirve tener una claridad de objetivos y un marco general si no los llevamos a la práctica. Lo que sigue es un intento de hacerlo.

El derecho a correr riesgos

Es curioso que hablamos mucho de promover la vida y sin embargo, dejamos que la gente arriesgue su vida diariamente. Hay trabajos que requieren significativo riesgo de morir (la pesca en primer lugar) y no están prohibidos. Lo mismo ocurre con varios deportes como el alpinismo, el ski, la natación, carreras ecuestres, etc. ¿Por qué, como sociedad, no prohibimos esas cosas? ¿No atentan acaso contra la vida? Lo hacen sin duda, pero la sociedad reconoce en estos casos que la elección es de cada cual y ya sea por necesidad o simplemente por pasión, algunos eligen asumir el riesgo (incluyendo posibles costos económicos y otros que no tienen nada que ver con vida o libertad).
Aplicar nuestro marco moral aquí es evidente: libertad por sobre vida, felicidad por sobre vida, siempre y cuando no se atente contra la libertad de otro.

El derecho al suicidio

La eutanasia y el suicidio son temas más confrontaciones. A diferencia de los deportes ya no estamos hablando de probabilidades, que son fáciles de ignorar, sino de certezas. Además, hay ciertas tradiciones y religiones que se pronuncian fuertemente sobre el tema, mientras que ningún libro sagrado indica "No deberás practicar deportes" como mandamiento.
Sin embargo, en el marco mencionado la respuesta aquí es clara. Nadie debiera decidir por ti sobre tu propia vida. Además, la gente que opta por el suicidio es en general gente que sufre, que sufre fuertemente. Si la felicidad es nuestro bien más fundamental, ¿cómo podemos obligar a alguien a sufrir para quedar tranquilos en nuestros propios sillones, pensando que la vida está segura sin importar las consecuencias? Es claro para mí que el suicidio y la eutanasia no debieran ser criminalizados, de nuevo, felicidad y libertad por sobre sobre vida.
Ojo que en el caso de la eutanasia, donde hay más gente involucrada, el gobierno no debiera obligar o coartar a nadie su libertad de no participar. Es perfectamente válido que un médico se niegue a realizar la eutanasia, pero no puede oponerse a que otros lo hagan.
Es posible incluso ponerse en casos aún más complejos. ¿Qué ocurre cuando la persona está en coma o sufre de locura? ¿Qué ocurre cuando se debe escoger entre desconectar a un paciente enfermo o dejarlo conectado? En estos casos la decisión va a depender de cual sea el nivel de sufrimiento involucrado, que tipo de recuperación puede esperarse (y por ende que clase de vida preservaríamos, ¿una vida feliz?), de la probabilidad de cada resultado posible, etc. La respuesta va a ser distinta en cada caso. Lo que es cierto es que, de acuerdo a nuestro marco, debiera ser su familia y su círculo más cercano los que elijan, no un médico, no el gobierno.

El derecho al aborto

El aborto es un tema aún más complejo, al menos por las siguientes causas:
·          No es claro en qué momento pasamos de la mera vida biológica que no nos importa tanto a la  vida existencial que antes describimos.
·          No es posible hablar de un individuo independiente de su madre. Cualquier discusión de libertad individual va a producir colisiones entre la libertad de la madre y la del feto.
El primer punto ya es difícil, ya que la vida biológica no nos importa en si misma. Al matar un animal para comérmelo estoy eliminando vida biológica. Y los animales (e incluso las plantas), comparte y pueden incluso sobrepasar la complejidad de un feto, siendo capaces de sentimientos, de sentir dolor, etc.
He escuchado argumentos como "la vida humana es distinta", pero suelen ser muy superficiales y normalmente se desinflan rápidamente con contraejemplos. ¿Qué diferencia la vida humana de la no-humana y le da una cualidad diferente? ¿El ADN? De ser así una mosca es 98% humana y al cortarme las uñas estoy cometiendo un genocidio. ¿El potencial de crecer? Tal vez, pero hablar de potencial es peligroso, ya que reconoce que la vida que podríamos destruir no es, en el momento y para todos los efectos, el tipo de vida que queremos proteger.
Proteger un mero potencial es extremadamente complejo, ya que dejamos de hablar del presente y entramos en cadenas de causalidad, en aquellas cosas que podrían en el futuro provocar la existencia de un ser humano con libertad y potencial para la felicidad. Al decirle a mi hija que no se acueste con su pololo estoy sin duda destruyendo la posibilidad de un posible ser humano. ¿Quién decide donde parte la causalidad? ¿En la concepción? ¿Después? ¿Antes?
En suma, definir los derechos del feto es difícil, siendo que no puede considerarse aún un ser humano libre e independiente. Esto no quiere decir que deba ser de inmediato eliminado ni mucho menos (no estoy tampoco de acuerdo con la matanza innecesaria de animales ni con causar sufrimiento innecesario, sin importar de qué tipo de vida estemos hablando). Quiere decir, sin embargo, que tienen un peso menor que el de un ser humano que ya no es un potencial sino una realidad, en particular, los de la otra persona involucrada en esto: la madre.
Al hablar de la madre, vemos que tiene también varios derechos en juego:
·          Su vida, dado que un parto tiene riesgos inherentes.
·          Su libertad de elegir ser madre, de decidir qué hacer con su propio cuerpo, etc.
·          Su felicidad, dado el enorme impacto que un hijo podría tener sobre su calidad de vida, sus metas y objetivos, su subsistencia económica, etc.
Si fuéramos como hormigas estos problemas no existirían, la sociedad podría por ejemplo hacerse cargo del huevo en primer lugar y de la crianza de la nueva persona, dándole un puesto en la sociedad en forma totalmente independiente de su madre y sin afectarla, pero esta no es la realidad.
            Si tanto la madre como el feto están involucrados, nuestro marco aplica sin duda: es la madre la que debe elegir. No sólo sus derechos son iguales o más fuertes que los del feto, sino que es la más cercana para tomar una decisión por ambos.

El rol del gobierno y de la sociedad

¿Implica todo esto que la sociedad no debiera hacer nada? No, en absoluto. La sociedad es una plataforma, que debiera velar en todo momento no solo por los derechos de las personas, sino por su felicidad. Esta plataforma no es fácil y puede a menudo estar limitada por realidades y recursos, pero podemos llegar a un consenso de cuáles resultados son los que buscamos. Es para tomar estas medidas que un marco moral es fundamental, no sea que terminamos por adoptar remedios que son peores que la enfermedad.
En particular, la sociedad no debiera criminalizar en casos como los antes mencionados. Hay una larga lista de ejemplos de cómo la criminalización no siempre es efectiva y a menudo tiene significativos efectos colaterales. El uso de violencia debiera ser mantenido a un mínimo.
Por el contrario, el rol del gobierno debiera ser de dar a las personas el apoyo, la información y las alternativas que necesitan para hacer un buen uso de su libertad. No en dejar a la gente sin alternativas. En los ejemplos anteriores esto puede traducirse en políticas públicas como:
·          Hacer una campaña informativa sobre los riesgos de ciertas actividades.
·          Promover la seguridad laboral.
·          Tener centros de apoyo para gente en riesgo de suicidio y hacer campañas informativas.
·          Promover un fuerte programa de adopción, liberando a una mujer embarazada de los costos de dar a luz y promoviendo decir no al aborto.
·          Promover la disponibilidad de anticonceptivos, para evitar embarazos no deseados.
·          Etc.
Por sobre todo, estas medidas debieran dar un buen ejemplo que si bien es bueno tener un marco moral para priorizar derechos fundamentales, es más que posible hacer cosas que fomentan la vida, la libertad y la felicidad sin hacerlas entrar en conflicto. Este debiera ser, a fin de cuentas, nuestro objetivo principal.


[1] Fue interesante encontrarme con exactamente los tres principios que quería discutir, en una sola frase. En particular, es notable como se habla del derecho de perseguir la felicidad, no necesariamente de encontrarla. Una vez más, mis más profundos respetos a Jefferson.

Tuesday, May 7, 2013

Aprendiendo a razonar

Últimamente he estado leyendo bastante sobre la racionalidad misma. ¿Qué es ser razonable? ¿Qué es verdaderamente irracional?

1. La razón humana

Los seres humanos somos sin duda complejos. La evolución nos ha dotado de imaginación y raciocinio, capacidades que nos han permitido entender el mundo, predecir peligros y crear herramientas para superarlos. Sin embargo, nuestras adaptaciones evolutivas se preocupan más de obtener respuestas rápidas que respuestas correctas. Nuestras intuiciones, en efecto, nos engañan a menudo, haciéndonos caer en un sinnúmero de sesgos y falacias. Es solo entrenándonos en la razón que podemos combatir estos errores y actuar de forma inteligente.

2. Lógica y probabilidades en la vida diaria

La lógica y las reglas de las probabilidades no son tan solo un tema académico, son importantes herramientas para actuar en la vida, en efecto, son las MEJORES herramientas, y no debiéramos dejarlas conscientemente de lado. De hecho, muchas de las proposiciones de estas disciplinas no son sino extraídos de nuestra experiencia diaria. Sé que muchos prefieren la ignorancia a tolerar un par de números y fórmulas y que hablar de estas dista de ser "bakan", pero tengan un poco de paciencia (y/o curiosidad).

Por ejemplo, veamos el caso de la calefacción en mi departamento. La calefacción se enciende o apaga automáticamente, con parámetros que ignoro. Sin embargo, luego de un par de observaciones puedo darme cuenta de que cuando hace frío afuera, la calefacción se prende. Matemáticamente, diríamos que "frio afuera implica calefacción prendida": F ? C.

Sin embargo, esta no es la única opción, puesto que, por ejemplo, si la caldera sufriera un desperfecto, nos morimos de frio. Lamentablemente, el mundo no es tan certero y debemos encontrar una forma de lidiar con la incertidumbre. Aquí es dónde las probabilidades entran en juego, en vez de hablar de certezas nos preguntamos: ¿Qué tan probable es que esto ocurra? Es más, podemos formalizar qué relaciones existen entre la temperatura exterior y el estado de la calefacción.

Supongamos que 9 de cada 10 veces que hace frio la calefacción se prende. Podemos expresar esto como "La probabilidad de observar la calefacción C dado un día frio F es 0.9", o P(C|F) = 0.9. También podemos observar cosas como que la cantidad de veces que vimos la calefacción prendida es de 100 de los 365 días del año, es decir P(C) = 0.27, etc. Lo interesante es que una vez que comienzo a recolectar estos números, aunque sean aproximados, puedo razonar con ellos y puedo deducir otros valores. Los teoremas a usar aquí son simples, pero no quiero entrar en demasiados detalles aquí. Lo importante es que he relacionado las dos variables y ahora puedo hacer inferencias y predicciones inteligentes. 

Por complejo que suene, hacemos esto día a día. Si veo que la calefacción está apagada, puedo suponer con cierta certeza que no hace frio afuera y considerarlo a la hora de decidir que ponerme. Corro el riesgo de que la calefacción este rota, pero es poco probable. Nótese que consideramos que es la temperatura la que determina la calefacción y no al contrario, pero una vez establecida la relación saber algo de la calefacción me dice algo sobre la temperatura. Esto se llama "evidencia".

3. La falacia conjuntiva

Pero, si de todas formas actuamos con lógica, ¿por qué necesitamos números y fórmulas? La razón es que nuestra intuición no es siempre correcta, en especial para temas no mundanos. Un sesgo importante es que postulados que se sientan más completos o mejor balanceados nos parecen más probables. Un estudio realizado en una final de Wimbledon pedía a los espectadores ordenar las siguientes proposiciones de acuerdo a cual creían era más posible que ocurriera:

Borg gana el partido
Borg pierde el partido
Borg pierde el primer match, pero gana el partido
Borg gana el primer match, pero pierde el partido

La encuesta reveló por ejemplo que los espectadores creían más probable la tercera propuesta que la segunda. Nótese que el caso en que "Borg gana el partido" no depende del resultado del primer match, y por ende incluye tanto el caso en que gana el primer match como el que lo pierde", la explicación más detallada es, siempre, menos probable, porque reduce las opciones disponibles. Matemáticamente, siempre se cumple que P(A ^ B) >= P(A).

Esto puede verse en acción mucho en política, donde los candidatos no lanzan una o dos promesas, sino que decenas de ellas, con tal de que alguna enganche a un votante. Probabilísticamente hablando, entre más promesas hacen menos probable es que las cumplan. La mejor forma de evitar ser engañado es ser escéptico de la palabra "y", explícita o implícita.

4. Escepticismo y evidencia

Si sabemos que nuestras imaginaciones e intuiciones pueden engañarnos, ¿cómo podemos decidir en qué creer? Ahí es donde la evidencia entra en juego. Debemos creer sólo en aquellas cosas en las que la evidencia y la razón nos indican como probables. Si alguien nos dice "cuidado al cruzar la calle porque puede atropellarte un auto", tenemos suficiente evidencia histórica y suficiente conocimiento con respecto a los autos como para poder deducir que existe en efecto una probabilidad de accidentes y que aunque sea baja es razonable tomar algunas medidas básicas para minimizar el riesgo, como mirar a ambos lados. Tener una apreciación de que tan alta es la probabilidad es útil, nos permite entender que decidir nunca más volver a cruzar una calle puede ser una medida exagerada. Sea como fuere, entender el problema nos permite tomar una decisión más acertada e informada.

Si por el contrario yo dijera "presiento que va a haber un terremoto", nuestra respuesta natural es (y debe ser) el escepticismo. No sólo es poco probable que en un día cualquiera haya un terremoto, sino que no tenemos evidencia alguna de que alguien pueda percibirlos por anticipado. Además, postulamos recién sabemos que la probabilidad de uno Y lo otro es menor aun. Si bien hay gente insanamente crédula (como los que creían que el mundo se acabaría el 2000 o el 2012 y tantos otros), la mayoría de las personas inteligentes que conozco pensarían que bromeo o estoy loco. Entre mayor sea la afirmación que quiero demostrar verdadera, mayor es la evidencia que necesito para sustentarla.

5. Un postulado solo es evidencia si es que restringe lo que es posible

Aún si seguimos el camino de la razón y la evidencia, es muy fácil engañarnos con explicaciones falsas. Antes de que la biología lograra desentrañar muchos de los misterios del cuerpo humano, muchos creían en el "Vitalismo", es decir, una esencia vital que estaba detrás de los procesos biológicos entonces reproducibles por la ciencia. El problema de la teoría del vitalismo es que no predice ni deniega nada, decir "la esencia vital es la causa de que esta enfermedad" nos da la misma información que si dijéramos "la magia es la causa de esta enfermedad". Hoy nadie toma en serio el vitalismo. Si alguien nos da un argumento similar, una buena costumbre es ver si puedo reemplazar el argumento por "magia" sin perder nada.

No es así con las teorías aceptadas. Por ejemplo, la teoría de la gravedad no es importante porque justifica que las cosas caigan. ¡Es importante porque justifica que las cosas no vuelen! La magia explica también que las cosas caigan, pero explica igualmente bien que las cosas flotaran, o desaparecieran. La gravedad, la evolución y la gran mayoría de las leyes o teorías científicas aceptadas son importantes porque nos dan información de que cosas son más probables que otras, porque esas probabilidades pueden ser comprobadas y esa información utilizada en forma práctica. Cuídense de cualquier argumento que pueda explicarlo todo, porque al final no explica nada.

6. Un mejor argumento debe persuadirte.

¿Pero qué ocurre con la fe? ¿Qué ocurre con la tolerancia a las ideas de otros? ¿No tenemos todos derecho a una opinión? Pues la verdad es que el respeto es importante y lo considero un derecho, pero el respeto y la tolerancia no deben hacerte pensar que todas las posturas son igualmente válidas. Si no pudiéramos descartar opciones, la humanidad estaría estancada por completo y tanto la verdad como el conocimiento morirían. Si alguien opina que el sol aparece por el oeste y se oculta por el este, ¿debiéramos respetar su opinión? ¿Debiéramos ponerla al mismo nivel que la creencia contraria? La respuesta es no. Debiéramos quedarnos con la evidencia de que el sol aparece por el este y considerar, respetuosamente, que dicha persona está equivocada.

Lo interesante es que si la persona es racional, está demostrado que debiera cambiar su opinión en cuanto le presentemos un mejor argumento. Si pese a que llevemos a la persona a ver un amanecer y vea que el solo aparece por el este se niega a cambiar su manera de pensar, difícil es que yo no piense para mis adentros que es ya sea un fanático o un idiota. De hecho, es demostrable matemáticamente que dos personas que actúan en forma racional no pueden no llegar a un acuerdo. El problema es que muchas veces nos comportamos como idiotas y fanáticos. A veces nos importa más ganar un debate o defender nuestra cultura que alcanzar la verdad, pero no nos hacemos un favor al hacerlo.

¿Pero por qué es mi fe irracional? ¿Acaso puede la razón demostrarme que estoy equivocado? Creer en algo no es irracional. Es irracional creen en algo cuando no hay evidencia a favor o, peor aún, cuando hay evidencia en contra. A veces es posible de hecho demostrar lógicamente que una afirmación está errada, pero aunque no sea posible o dicha demostración no se haya descubierto, ello no prueba la afirmación correcta. La respuesta correcta es usar las herramientas que acabo de mencionar (escepticismo, evidencia y probabilidades) para llegar a la conclusión más razonable a nuestra disposición. Esto no solo aplica a la fe en términos religiosos, sino en todo ámbito.

7. Subyugando a Dios a la razón

La religión dista de ser el único entorno dónde fallamos en ser racionales, pero es un excelente ejemplo. No solo es la religión un fenómeno extremadamente común, sino además uno que profesa estar más allá de la razón misma, firmemente en el territorio de la fe. Sin embargo, podemos a costo de ser un poco herejes hacer el intento de aplicar nuestras nuevas herramientas nosotros mismos:

Por defecto, debiéramos partir por la premisa de que Dios no existe y esperar hasta tener evidencia para cambiar de opinión. Este escepticismo inicial es importante, puesto que si lo suprimimos no solo nos veríamos obligados a creer en Dios, sino en TODOS los dioses, los unicornios, los dragones, la magia, los extraterrestres, TODO. Como dicen en los juzgados, el peso de la evidencia está en el demandante.

Observemos primero lo que la fe postula. En general la religión no se remite a un par de aseveraciones, sino que se rodean de un sinnúmero de mitos y postulados, la mayoría de ellos difíciles o imposibles de comprobar, pero bastante improbables por sí mismos. Ahora que comprendemos la falacia conjuntiva debiéramos estar alerta; una explicación elaborada y compleja no es más probable, sino menos. Si por ejemplo queremos creer que la Biblia es exacta e inefable, cada uno de los 31102 versículos en ella implica una proposición, y cada una de estas disminuye considerablemente la probabilidad de que nuestra creencia sea correcta. En conjunto, la probabilidad de la biblia literal tiende a cero. Aun aceptando cantidades absurdas de interpretación se mantiene bastante cerca a cero, y racionalmente no debiéramos adoptarla como creencia.

Tercero, debiéramos ver si es que aceptar la teoría de que Dios existe nos permite saber algo, nos permite explicar o entender mejor el mundo que nos rodea. La respuesta es no. Luego de introducir el concepto de Dios no sabemos nada nuevo ni podemos predecir nada nuevo. Si alguien sobrevive una enfermedad, es un milagro, si muere, Dios lo llamó a su lecho. Si un asesino muere asesinado es justicia Divina, si escapa será juzgado al final de los días. En fin, probablemente podemos pasar días dando ejemplos, pero a final de cuentas la teoría de Dios siempre nos será posible explicar tanto lo intuitivo como lo no intuitivo. No brinda, por ende, conocimiento alguno y podríamos reemplazar la palabra Dios por la palabra magia sin perder nada.

Finalmente, pensemos en que otra evidencia podemos encontrar. Podemos pensar en Dios y su efecto en el mundo como equivalentes a nuestro ejemplo de la temperatura y la calefacción respectivamente. Dios parece haber sido bastante activo en tiempos antiguos, pero por estos días parece estar medio tímido. Para un ser todopoderoso interesado en lo que ocurre en el mundo es increíble la poca evidencia que tenemos de su existencia. Es más, la poca evidencia que existe es mejor explicada (con mayor probabilidad y menos complejidad) por otras teorías. No solo es teste un caso análogo donde la "ausencia de evidencia es evidencia de ausencia", sino que además existe evidencia real que es difícil de conciliar con la teoría de Dios, como por ejemplo el sufrimiento humano. 

En suma, si quisiéramos actuar racionalmente debiéramos creer, al menos hasta que nueva evidencia se presente, en la teoría más probable: no existencia de Dios. Con esto pretendo mostrar que es fácil decir que la razón no puede ser aplicada en un cierto ámbito, pero es difícil que algo este efectivamente más allá de la razón. La pregunta de fondo es si estamos dispuestos a hacer el intento o no. 

Si la respuesta es no, estamos en problemas. Algunos lo llamarían "fe", otros "conveniencia" y otros "tradición", para mí, sería más bien flojera o ignorancia. La fe, por demás, tiene sus propios problemas…

8. La fe como un mal amigo del hombre

Un primer efecto negativo de la fe es eliminar nuestra curiosidad. Una vez que creemos conocer la respuesta, dejamos de buscar. Esto no es lo mismo que cuando tenemos una teoría viable. La ciencia acepta la existencia de la fuerza de gravedad, pero constantemente intenta definirla mejor o llevarla a extremos. En caso de la fe, por el contrario, no nos está permitido cuestionar ni esperamos encontrar más evidencia. Educar a nuestros hijos en esta modalidad de no-cuestionar y no discernir es dañino en extremo.

Aparte del problema de la curiosidad hay que mencionar que la fe puede producir resultados positivos para la humanidad, en tanto hagan actuar a la gente en forma positiva. Sin embargo, la fe es un mecanismo defectuoso, y puede fácilmente hacer lo contrario. En efecto, la fe no es otra cosa que creer en algo ciegamente, independientemente de cualquier lógica o evidencia. Por ende, la fe puede igual de fácilmente justificar amoralidades y atrocidades (y lo ha hecho a lo largo de historia). Peor aún si es que las creencias garantizan perdón o recompensa divina (y así suele ser).

De hecho, ejemplos donde la fe ha abrumado por completo la razón abundan. Mi favorito es el Criminalis Cautio («prudencia en materia penal») de 1631, escrito por Friedrich Spee von Langenfeld, un sacerdote que confesaba brujas. En este tratado describe la forma de decidir la inocencia o culpabilidad de una persona acusada de brujería. Va más o menos así: Si la bruja había llevado una vida equívoca e inadecuada, ella era culpable. Si había llevado una vida buena y correcta, esto también era una prueba en su contra, pues las brujas disimulan y tratan de parecer especialmente virtuosas. Después de encarcelada, si la mujer mostraba miedo era muestra de su culpabilidad. Si no tenía miedo era también culpable, pues las brujas característicamente fingen inocencia abierta y audazmente. Si, al enterarse de la denuncia en su contra la mujer trataba de huir, ello era evidencia de culpabilidad, pero si no lo hacía, el diablo la detenía para evitar que escapara.

¿Es como para pegarse un tiro, no? Hoy podemos reírnos de semejante actitud, pero no por mucho, pues pronto recordamos el Nazismo, los terroristas suicidas o la quema de guaguas que aparecen en las noticias estos días. Es claro que el pensamiento de Friedrich no tiene sentido, pero ¿podemos culparlo de ello? La fe no pide que las cosas hagan sentido, pide creencia ciega.
Es esa fe la que puede cegarnos a nuestro verdadero compás moral. Es esa fe la que puede no sólo justificar nuestras malas acciones, sino liberarnos de las consecuencias de nuestros actos. Si van a creer el algo, crean en el Karma. Al menos es una postura donde no hay un dios que actúa a través de ti o perdona tus brutalidades, al menos las personas son responsables por sus actos.
A pesar de lo anterior, el tema de fondo es que la fe no debiera ser necesaria en lo absoluto. Contrario a la opinión de muchos, estudios han demostrado que las personas religiosas no son más morales que las no-religiosas (y tal vez lo sean un poco menos). De ser así, es posible tener todas las consecuencias positivas de la fe sin ninguno de los riesgos, ninguna de las confusiones y contradicciones y ninguna de las líneas arbitrarias que nos separan como seres humanos. Aunque fuera neutral, la fe sigue siendo un lastre innecesario. En palabras del Dalai Lama: 
"All the world’s major religions, with their emphasis on love, compassion, patience, tolerance, and forgiveness can and do promote inner values. But the reality of the world today is that grounding ethics in religion is no longer adequate. This is why I am increasingly convinced that the time has come to find a way of thinking about spirituality and ethics beyond religion altogether."
The 14th Dalai Lama, Tenzin Gyatso, 10 September 2012

9. Aparte: un test de fe

Leí hace poco sobre el dilema de Abraham, y es un excelente ejemplo. La exigencia de Dios es fe y obediencia por sobre todas las cosas, por encima de toda razón, moral o comprensión. Abraham de pasa la prueba al estar dispuesto a matar a su propio hijo y la biblia lo alaba por su virtud. Creo que la mayoría de los judíos y cristianos fallarían esa prueba… menos mal. Nuestro compás moral y nuestro amor por nuestros hijos es al parecer más importante que nuestra fe y obediencia, pese a que la biblia inculque lo contrario. 
¿Cuál sería la manera racional de actuar ante el dilema de Abraham? Supongamos que uno de estos días escucho una voz que me dice "Daniel, soy Dios, toma un cuchillo y mata a Nicolás y así demostrarás tu devoción a mí y te ganaras acceso a mi reino". Mi primera observación: es mucho más probable que me haya vuelto loco o se me haya fundido alguna neurona a que Dios exista. Busquemos evidencia, pidámosle a Dios que nos diga algo que yo no sepa pero pueda corroborar luego. "Dios -digo- humildemente, ¿podrías decirme los primeros 100 dígitos de Pi mientras tomo nota?". ¡Y me los dice! Si quiero ser razonable ahora es cuando debiera abandonar mi ateísmo y creer verdad? Pues no. Mi evidencia hasta el momento es que existe una inteligencia capaz de calcular Pi y comunicarse telepáticamente, pero pueden ser tanto Dios como Extraterrestres. Pero supongamos que pienso en más pruebas y que todas indican la existencia de Dios. 
Entonces me convertiría, pues la esencia de la racionalidad no es aferrarse a una idea, sino dejar que un mejor argumento (o mejor evidencia) te convenza. Probablemente estaría asustado, probablemente estaría lleno de rabia. No hay nada de irracional en ello, pues muchos de nuestros sentimientos son racionales y acertados en determinadas circunstancias (pese a que nuestra cultura dibuje al hombre racional como frio e indiferente). Seria irracional por ejemplo caminar por el barrio más peligroso de una ciudad sin sentir temor y más irracional aun comportarse como si no hubiera nada de qué preocuparse. Pero al final, habiendo lidiado con mis sentimientos, tomaría el cuchillo, iría donde Nicolás y diría "Dios, ahora creo en ti… chúpalo".

10. Por qué la razón es importante.

Ahora bien. Imaginemos que alguien me concede todo lo anterior, pero luego dice "ok, pero entonces prefiero ser abiertamente irracional". Está sin duda en su derecho, sin importar lo que yo pueda opinar de él. Sin embargo, hay importantes razones por las que la razón es fundamental para el ser humano:

Es práctica. Es decir, nos permite entender el mundo y nos da las herramientas para extender dicho conocimiento. Todo el progreso del ser humano, desde controlar el fuego hasta poder enviar emisarios a otros planetas, se basa en este conocimiento. Nada de ello se basa en fe o en opinión. 

Es históricamente un mejor modelo. Los griegos son considerados críticos en el desarrollo de nuestra civilización, pero no precisamente por habernos dejado sus dioses. La ilustración y el renacimiento se dieron bajo el dominio de la razón, mientras que el oscurantismo lo hizo bajo la religión. Ejemplos en la historia abundan.

Es una fuerza que nos une en vez de separarnos. Un compromiso unánime con la razón nos da un espacio de dialogo amigable en que se puede llegar a consensos pacíficos, basados en la persuasión. Si de fe se tratara, o nos resignamos a que no exista el consenso o usamos la fuerza para lograrlo. La razón es común a todos, no distingue sexos, razas, clases o creencias. Por el contrario, nos puede ofrecer puentes para enfrentar nuestras divisiones y prejuicios. Las creencias ciegas, en general, son divisivas y confrontacionales.

Es correcta. No sólo está basada en firmes pilares como la lógica y la matemática, sino que tiene mecanismos incorporados para detectar y corregir errores y para asimilar nueva evidencia. A diferencia de las creencias la razón es flexible y adaptativa. Menos propensa a cometer errores y más rápida en arreglarlos cuando ocurren.

Considero que estos son potentes argumentos. La razón tiene mucho que ofrecer y nos lo ofrece sin un precio que pagar a cambio. Sería irracional optar por la irracionalidad ;-)

11. Referencias

http://www.americanhumanist.org/HNN/details/2012-09-brainstormin-the-problem-with-faith
http://www.americanhumanist.org/HNN/details/2012-04-humanisms-moral-depths-an-abraham-and-isaac-story-fo
http://lesswrong.com/lw/ji/conjunction_fallacy/
http://en.wikipedia.org/wiki/Vitalism

Thursday, August 30, 2012

Algunos datos extra.

Un comentario sobre el post anterior. He escuchado algunos comentarios de que la población en Chile está bajando y que se van a necesitar más personas. La realidad es que un Santiago con menos gente sería un agrado más que un problema en mi opinión, pero fuera de cualquier punto de vista, la realidad es que:

  • La población de Chile nunca ha bajado.
  • La población de Chile sigue subiendo, aunque a un ritmo desacelerado.
Lo bueno es que parecemos acercarnos a una suerte de equilibrio. Queda a criterio de cada cual decidir si es un buen equilibrio o no, pero nuestra pirámide de población comienza a parecerse a una vela de cera más que a una pirámide, lo que es un buen signo de estabilidad (población que nace es igual a la que viene antes, hasta que la población anciana comienza a decrecer normalmente). Así estamos:


Como comparación, esta es una pirámide tal cual, signo de un crecimiento descontrolado y no sustentable, en un país subdesarrollado, no en vano su densidad de habitantes es de 184.2/km2 . La de Chile,en comparación, es de 23/km2 , (pero ustedes saben donde estan apiñados: región metropolitana: 390/km2).



India, por ejemplo, va tras de nosotros, y su crecimiento indiscriminado es la causa de muchos de sus problemas actuales, pero parecen estar haciendo las cosas mejor los últimos 15 años:



China es otro ejemplo interesante. El efecto de la política de 1 niño por mujer (más no es de hecho prohibido, pero incurre en impuestos adicionales), pese a tener importantes consecuencias negativas en el mediano plazo y a ser particularmente déspota, provocó una importante disminución 30 años atrás. La política ha sido adaptada para permitir que dos hijos únicos que se casen tienen derecho a un segundo hijo. China estima que su población hoy sería 400 millones de personas mayor de no haberla adoptado (osea, más de 23 Chiles). A pesar de que la implementación deja mucho que dejar, China es hoy un país con menos desempleo, mayor riqueza y más sostenible. Una consecuencia obvia de repartir más entre menos. Un problema es el exceso de ancianos cuando el actual tramo de los 35 a 50 años envejezca, pero si algo bueno tienen los chinos es que tienen bolas para tomar decisiones a largo plazo.



Ahora, si de sustentabilidad se trata, un excelente ejemplo es Noruega, que pueden ver tiene una suerte de vela como les contaba (algo derretida, pero en fin, la realidad casi nunca es perfecta).


Opiniones?