Tuesday, February 22, 2022

Saturado de Chile

Es curioso estar en vísperas de partir del país que te vio nacer. Uno pasea por los distintos lugares con nuevos ojos, más abiertos de lo normal, menos cegados por la rutina. Cada mirada y cada percepción es tal vez la última por un largo tiempo, una despedida de cada una de las cosas que son parte de tu vida.

Lo que ciertamente no esperaba es que, al mirar de nuevo y despedirme, me inundara una mucho mayor sensación de alivio que de nostalgia. Que me topara con tantas y tantas cosas que definitivamente no voy a extrañar.

Pasear por Chile esta semana dio para contar una historia. Una de tacos por horas, de “bermistas” saliendo por el lado para andar sobre ambas pistas de ciclo vía, tan solo para casi atropellar un ciclista y luego, sin aprender o reflexionar nada, volver a la ciclo vía hasta que no se puede y ahí echarle el auto encima al que hacía cola para salir ganando a costa de todos. Es una historia de caminos llenos de basura y colapsados de humanidad. Del tipo con malas pulgas que me tiró garabatos desde su casa cuando nos detuvimos un segundo en la vereda de al frente a ver por qué sonaba una rueda del auto, al parecer creyendo que estaba meando la rueda en vez de revisarla. Le dije q se equivocaba y no me creyó, solo siguió increpándome sin razón.

Es la historia de la gente que anda en la pista equivocada sin importarle un bledo tener una cola de 20 autos para atrás, teniendo todas las oportunidades de dejarlos pasar. La gente sentada en la bocinas en los peajes para no pagar. De los que al parecer aprendieron que las luces de señalización a izquierda o derecha no son para dejar el paso, sino para acelerar y cortarlo. Del lugar ese por el que tienes que pasar preocupado y dónde a un tipo le hicieron una encerrona y lo bajaron de su auto a punta de pistola. O los camioneros que, sea justa o no su causa, encuentran que la manera de hacer “paro” no es “dejar de trabajar”, sino “bloquear todo y causar la mayor de daño posible a la mayor cantidad de inocentes posibles” (tengo una amiga que estuvo más de 7 horas, con niños y sin marido, atrapada sin saber qué hacer. Sin comida, baño, nada). ¿Qué hay de las guaguas? ¿Las ambulancias? Etc. Hasta vi un funeral a las 3 am tratando de llegar tal vez al cementerio.

Es la historia en que aparecen los kilómetros de humo producto de los incendios intencionales, las llamas visibles a ambos lados de la autopista, en que medio ahogado te preguntas cuanto rato te queda de aire para respirar, justo pasado el cartel que dice “Bienvenido a la Araucanía”. Nada sube la moral como ver los bosques en llamas. En fin, un solo viaje da para varias anécdotas, la historia probablemente podría seguir indefinidamente. Pero en fin.

La ciudad no es distinta. Están los problemas con mis vecinos, o los de mi arrendatario con sus vecinos. Los detalles aquí son muchos también, hasta el punto que me da lata entrar en el detalle. Mención honrosa eso si a los administradores de condominios que dicen que no pueden hacer nada sin la municipalidad y de la municipalidad diciendo que no hacen nada en condominios. Un amigo abogado me dice con franqueza “en esos temas no hay nada que hacer, todos se lavan las manos”.

Me toca subirme al metro, algo que no hacía hace tiempo por la pandemia, y me topo con el compadre con micrófono y parlante, al que le da igual la gente que va descansando, leyendo o escuchando su propia música en un espacio tan compartido y apiñado. Ni hablar de la loca vendiendo dulces, compitiendo con la petición por altoparlante de “por favor no comprarle a vendedores en el metro”. La vieja frente a mí que segundos después decide que quiere un dulce de todas formas.

Y es que de pronto me acuerdo porqué cada vez salgo menos de mi casa. Esa que me aísla del Chile del día a día a través de rejas altas, ventanas enrejadas, doble chapa, puerta de seguridad, cercos eléctricos, cámaras y guardias. No las puse yo, en mi rebeldía a vivir en una cárcel, pero he de reconocer que, cuando entraron armados a mi casa y me vi con un tubo de aluminio en la mano defendiendo la puerta del baño, mi señora y niños escondidos tras de mí, terminé por ser yo el que enrejara las ventanas.

Y es que en Chile, como en todos lados, hay más gente buena que mala. La pregunta es qué grupo es el que domina. Quién pone la pauta. Es ahí que no todas las sociedades son iguales, ahí que descubres que no todas tienen los mismos valores o formas de operar. Es ahí que te das cuenta de que en Chile no prima el que hace lo correcto, sino el que logra salirse con la suya. Desde la corrupción en los que tienen más y se salen con la suya hasta los “lanzas” que se salen con la suya, hasta los pequeños actos del día a día para los que estamos en medio medio. Es ahí que Chile, sin vergüenza o empatía, se vuelve una tragedia de los comunes, la tierra del “pillo chileno”, del “winner”. El que se salta la cola o se sube a la micro por atrás forzando las puertas. El que pide que le den pero no pone de su parte, buscando solo su propia conveniencia.

Al final, es luego de esta última semana en que he vivido todo lo anterior, que me doy cuenta de que mi amor por Chile es como el de un matrimonio cansado, sin ya convicción. Es ahora, al mirar de nuevo, que me siento como en una terapia de pareja, dudando de si quiero el divorcio. Creo que necesito un break. Me recuerda la escena del tipo diciendo “No eres tu, so yo”, cuando en verdad intuye lo contrario.

Sea como fuera, adiós Chile, separarnos es probablemente lo mejor.

Saturday, October 24, 2015

Vida vs Libertad



Los valores deben conversar

Hoy en día, nadie duda en que vida y libertad son algo positivo, algo que todos debiéramos defender. A nadie se le ocurriría decir "estoy en contra de la vida" o "no creo en la libertad" y esperar ser tomado en serio. Consideramos a ambos derechos fundamentales indiscutibles, pero sim embargo creo que debemos discutirlos.
Debemos discutirlos porque no siempre podemos tener ambos, porque en numerosas ocasiones entran en conflicto y nos vemos obligados a priorizar uno por sobre el otro. Y aunque esto parezca evidente, el nivel de conversación en estos casos es muy básico, casi sin argumentos. Es como si uno simplemente debiera escoger un bando y ya, al final, ambos son derechos fundamentales, ¿quién puede decirme que estoy equivocado?
Es esta falta de conversación, de argumentos, de siquiera un intento de formar un marco moral sólido que nos permita priorizar, el que permea las noticias estos días. Lejos de llegar a consenso, las posturas se polarizan, los bandos se separan y se extreman y los problemas se mantienen.

Una escala de prioridades

¿Qué tan valiosa es la vida?

Al hablar de valores fundamentales, es importante darnos cuenta que nada es un absoluto. Si la vida primara por sobre todas las cosas, ninguna causa sería suficiente para arriesgarla, ningún conflicto válido o necesario. Y sin embargo el ser humano arriesga su vida todo el tiempo, por causas que van desde lo loable y lo necesario hasta lo banal e incluso lo estúpido. Claramente, la vida no es la consideración última.
Es más, hay cierto debate sobre de qué hablamos cuando hablamos de vida. ¿Es tan solo un tema de cantidad? ¿Se mide acaso en número de minutos o hay grados de "calidad de vida" involucrados? Claramente no respetamos la vida por el solo hecho de que exista un ser vivo, por ejemplo, la vida animal nos interesa muy poco comparado con la humana. Por ende, la vida, en particular la humana, es una condición necesaria para la búsqueda de algo más.

¿Qué tan valiosa es la libertad?

Por otro lado, como sociedad entendemos que la libertad también tiene límites. Sabemos que mi libertad termina donde empieza la de otro, de lo contrario la sociedad caería en un caos total, en anarquía, libertinaje y la ley del más fuerte. En efecto, la privación de la libertad es el castigo último, pero como sociedad estamos dispuestos a usar este castigo de todas formas.
A diferencia de la vida, donde claramente estamos vivos, no es tan claro que tan libres somos en medio de nuestras circunstancias. Vivimos bajo serias limitaciones económicas, limitaciones de salud, leyes, responsabilidades, incertidumbre, etc. Estamos en muchos sentidos acostumbrados a ver nuestra libertad limitada de estas formas sin preocuparnos demasiado y dispuestos a sacrificar algo de libertad para otros fines. Por ende, pese a tener muchos más matices, la libertad también parece ser un medio en vez de un fin en sí misma.

La mayor prioridad.

Al final de cuentas, es claro que ni la vida ni la libertad son la esencia de lo que buscamos, ni los únicos criterios que importan. Pensamos también en términos de seguridad, educación, igualdad, oportunidades, salud, prosperidad, privacidad, sentido de vida, trascendencia, etc. La lista es muy, muy larga.
A estas alturas la respuesta es, para mí, obvia. El valor fundamental, el que está por sobre todo lo demás, es la felicidad humana. Basta hacer la pregunta directamente: ¿Prefieres una vida larga e infeliz o una corta y feliz? ¿Prefieres ser libre e infeliz o una esclavo y feliz? Las preguntas pueden parecer extrañas, ya que sin duda vida y libertad no están en general contrapuestas a la felicidad, sino del mismo lado, por eso las buscamos. Pero planteando asumiendo que no fuera así (y a veces no lo es), yo al menos escogería la felicidad en ambos casos.
El problema es que la felicidad no es un derecho, no es algo que podamos poner en la ley o en un decreto, es algo que debemos luchar por alcanzar y luchar por mantener. Más aún, en esa lucha es probable que, a pesar de nuestros mayores esfuerzos, conozcamos más de una vez la derrota.
Es para ayudarnos en esa lucha que buscamos garantizar, en la medida de lo posible, libertad, vida y tantas otras. Es importante no confundir los medios con el fin último, no perder de vista la felicidad y quedarnos en una discusión de libertad o vida, al fin y al cabo, es el fin el que puede iluminarnos cuando las prioridades parecen entrar en conflicto.

¿Quién decide?

Nada de lo que digo es nuevo, y hombres más grandes que yo lo han dicho con elocuencia, por ejemplo, la misma declaración de independencia de USA:
"We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness."[1]
El contexto de esa época era interesante en que, como en múltiples veces en la historia, muchos decidían arriesgar sus vidas en la lucha contra la tiranía, en la búsqueda de libertad. Esto es, para mí, tal vez el mejor ejemplo de que la libertad puede ser más importante que la vida misma. También fue Jefferson quién escribió:
"The tree of liberty must be refreshed from time to time with the blood of patriots & tyrants. It is its natural manure."
Pero los tiempos modernos son tal vez distintos, la tiranía no tan evidente, su cara no tan expuesta a la luz. Hoy nuestras tiranías son sutiles: gobiernos con aparente legitimidad que poco a poco se toman atribuciones que erosionan nuestros derechos, el aprovechamiento de los poderes económicos, el control de la información. Sutiles, pero no menos reales.
Sin embargo, esa sutileza va en nuestro favor, ya que al menos hoy la tiranía debe guardar las apariencias y debe, en alguna medida, responder a las personas. Es poniéndonos de acuerdo, es evitando que nos manipulen y dividan, que podemos ser libres. Es, por el contrario, cuando logran dividirnos, asustarnos y polarizarnos, que los gobiernos expanden su poder sobre nosotros.
¿Qué tiene que ver el tema de la tiranía y el gobierno con la libertad y la vida? Pues bien, la respuesta es que si bien la felicidad es personal y la moral es personal, a menudo son los gobiernos los que tienen la última palabra en estos temas. Nuestras opciones están influenciadas por la constante amenaza de violencia (policía), pérdida de prosperidad (multas) y pérdida de libertad (encarcelamiento). La opresión puede a menudo ser peor que el problema mismo que se esté discutiendo y se oculta tras las opiniones de las mayorías por sobre las minorías.
Como sociedad, debiéramos ser extremadamente cuidadosos al discriminar qué derechos puede el estado suprimir en nuestro nombre, en qué medida y por qué motivos. En la mayoría de los casos, debiéramos dejar que las decisiones sean tomadas en los círculos más cercanos al individuo que ve afectada su felicidad (el individuo mismo, su familia, etc.), dejando al gobierno tan solo como última instancia.

Llevando todo a terreno

Mi conclusión por ende es que la decisión de un individuo de sacrificar alguno de sus derechos tiene que ver con darle la mayor felicidad posible y es últimamente personal. De poco sirve tener una claridad de objetivos y un marco general si no los llevamos a la práctica. Lo que sigue es un intento de hacerlo.

El derecho a correr riesgos

Es curioso que hablamos mucho de promover la vida y sin embargo, dejamos que la gente arriesgue su vida diariamente. Hay trabajos que requieren significativo riesgo de morir (la pesca en primer lugar) y no están prohibidos. Lo mismo ocurre con varios deportes como el alpinismo, el ski, la natación, carreras ecuestres, etc. ¿Por qué, como sociedad, no prohibimos esas cosas? ¿No atentan acaso contra la vida? Lo hacen sin duda, pero la sociedad reconoce en estos casos que la elección es de cada cual y ya sea por necesidad o simplemente por pasión, algunos eligen asumir el riesgo (incluyendo posibles costos económicos y otros que no tienen nada que ver con vida o libertad).
Aplicar nuestro marco moral aquí es evidente: libertad por sobre vida, felicidad por sobre vida, siempre y cuando no se atente contra la libertad de otro.

El derecho al suicidio

La eutanasia y el suicidio son temas más confrontaciones. A diferencia de los deportes ya no estamos hablando de probabilidades, que son fáciles de ignorar, sino de certezas. Además, hay ciertas tradiciones y religiones que se pronuncian fuertemente sobre el tema, mientras que ningún libro sagrado indica "No deberás practicar deportes" como mandamiento.
Sin embargo, en el marco mencionado la respuesta aquí es clara. Nadie debiera decidir por ti sobre tu propia vida. Además, la gente que opta por el suicidio es en general gente que sufre, que sufre fuertemente. Si la felicidad es nuestro bien más fundamental, ¿cómo podemos obligar a alguien a sufrir para quedar tranquilos en nuestros propios sillones, pensando que la vida está segura sin importar las consecuencias? Es claro para mí que el suicidio y la eutanasia no debieran ser criminalizados, de nuevo, felicidad y libertad por sobre sobre vida.
Ojo que en el caso de la eutanasia, donde hay más gente involucrada, el gobierno no debiera obligar o coartar a nadie su libertad de no participar. Es perfectamente válido que un médico se niegue a realizar la eutanasia, pero no puede oponerse a que otros lo hagan.
Es posible incluso ponerse en casos aún más complejos. ¿Qué ocurre cuando la persona está en coma o sufre de locura? ¿Qué ocurre cuando se debe escoger entre desconectar a un paciente enfermo o dejarlo conectado? En estos casos la decisión va a depender de cual sea el nivel de sufrimiento involucrado, que tipo de recuperación puede esperarse (y por ende que clase de vida preservaríamos, ¿una vida feliz?), de la probabilidad de cada resultado posible, etc. La respuesta va a ser distinta en cada caso. Lo que es cierto es que, de acuerdo a nuestro marco, debiera ser su familia y su círculo más cercano los que elijan, no un médico, no el gobierno.

El derecho al aborto

El aborto es un tema aún más complejo, al menos por las siguientes causas:
·          No es claro en qué momento pasamos de la mera vida biológica que no nos importa tanto a la  vida existencial que antes describimos.
·          No es posible hablar de un individuo independiente de su madre. Cualquier discusión de libertad individual va a producir colisiones entre la libertad de la madre y la del feto.
El primer punto ya es difícil, ya que la vida biológica no nos importa en si misma. Al matar un animal para comérmelo estoy eliminando vida biológica. Y los animales (e incluso las plantas), comparte y pueden incluso sobrepasar la complejidad de un feto, siendo capaces de sentimientos, de sentir dolor, etc.
He escuchado argumentos como "la vida humana es distinta", pero suelen ser muy superficiales y normalmente se desinflan rápidamente con contraejemplos. ¿Qué diferencia la vida humana de la no-humana y le da una cualidad diferente? ¿El ADN? De ser así una mosca es 98% humana y al cortarme las uñas estoy cometiendo un genocidio. ¿El potencial de crecer? Tal vez, pero hablar de potencial es peligroso, ya que reconoce que la vida que podríamos destruir no es, en el momento y para todos los efectos, el tipo de vida que queremos proteger.
Proteger un mero potencial es extremadamente complejo, ya que dejamos de hablar del presente y entramos en cadenas de causalidad, en aquellas cosas que podrían en el futuro provocar la existencia de un ser humano con libertad y potencial para la felicidad. Al decirle a mi hija que no se acueste con su pololo estoy sin duda destruyendo la posibilidad de un posible ser humano. ¿Quién decide donde parte la causalidad? ¿En la concepción? ¿Después? ¿Antes?
En suma, definir los derechos del feto es difícil, siendo que no puede considerarse aún un ser humano libre e independiente. Esto no quiere decir que deba ser de inmediato eliminado ni mucho menos (no estoy tampoco de acuerdo con la matanza innecesaria de animales ni con causar sufrimiento innecesario, sin importar de qué tipo de vida estemos hablando). Quiere decir, sin embargo, que tienen un peso menor que el de un ser humano que ya no es un potencial sino una realidad, en particular, los de la otra persona involucrada en esto: la madre.
Al hablar de la madre, vemos que tiene también varios derechos en juego:
·          Su vida, dado que un parto tiene riesgos inherentes.
·          Su libertad de elegir ser madre, de decidir qué hacer con su propio cuerpo, etc.
·          Su felicidad, dado el enorme impacto que un hijo podría tener sobre su calidad de vida, sus metas y objetivos, su subsistencia económica, etc.
Si fuéramos como hormigas estos problemas no existirían, la sociedad podría por ejemplo hacerse cargo del huevo en primer lugar y de la crianza de la nueva persona, dándole un puesto en la sociedad en forma totalmente independiente de su madre y sin afectarla, pero esta no es la realidad.
            Si tanto la madre como el feto están involucrados, nuestro marco aplica sin duda: es la madre la que debe elegir. No sólo sus derechos son iguales o más fuertes que los del feto, sino que es la más cercana para tomar una decisión por ambos.

El rol del gobierno y de la sociedad

¿Implica todo esto que la sociedad no debiera hacer nada? No, en absoluto. La sociedad es una plataforma, que debiera velar en todo momento no solo por los derechos de las personas, sino por su felicidad. Esta plataforma no es fácil y puede a menudo estar limitada por realidades y recursos, pero podemos llegar a un consenso de cuáles resultados son los que buscamos. Es para tomar estas medidas que un marco moral es fundamental, no sea que terminamos por adoptar remedios que son peores que la enfermedad.
En particular, la sociedad no debiera criminalizar en casos como los antes mencionados. Hay una larga lista de ejemplos de cómo la criminalización no siempre es efectiva y a menudo tiene significativos efectos colaterales. El uso de violencia debiera ser mantenido a un mínimo.
Por el contrario, el rol del gobierno debiera ser de dar a las personas el apoyo, la información y las alternativas que necesitan para hacer un buen uso de su libertad. No en dejar a la gente sin alternativas. En los ejemplos anteriores esto puede traducirse en políticas públicas como:
·          Hacer una campaña informativa sobre los riesgos de ciertas actividades.
·          Promover la seguridad laboral.
·          Tener centros de apoyo para gente en riesgo de suicidio y hacer campañas informativas.
·          Promover un fuerte programa de adopción, liberando a una mujer embarazada de los costos de dar a luz y promoviendo decir no al aborto.
·          Promover la disponibilidad de anticonceptivos, para evitar embarazos no deseados.
·          Etc.
Por sobre todo, estas medidas debieran dar un buen ejemplo que si bien es bueno tener un marco moral para priorizar derechos fundamentales, es más que posible hacer cosas que fomentan la vida, la libertad y la felicidad sin hacerlas entrar en conflicto. Este debiera ser, a fin de cuentas, nuestro objetivo principal.


[1] Fue interesante encontrarme con exactamente los tres principios que quería discutir, en una sola frase. En particular, es notable como se habla del derecho de perseguir la felicidad, no necesariamente de encontrarla. Una vez más, mis más profundos respetos a Jefferson.

Saturday, July 20, 2013

On nothing

We found evidence of God in the uncertain, in the unpredictable, in the improbable. It is there that we lose ourselves, and it it there were we would like to find ourselves...

Saturday, July 6, 2013

Bienestar, Límites & Altruismo Efectivo

Claramente llevamos años luchando como la pobreza y otros males y no hemos logrado hacerlos desaparecer. Resulta evidente entonces que la pobreza no es una montaña que escalar y que solo seguir adelante nos llevará, tarde o temprano a la cúspide. Por el contrario, la pobreza es más como un virus, algo que podemos combatir pero que mientras tanto se reproduce, haciendo que erradicarlo sea mucho más difícil. Puede sonar obvio, pero a pesar de una crianza llena de análisis social y activismo es primera vez que entiendo las cosas desde esta perspectiva. Una perspectiva que engendra nuevas preguntas. Pensar en la pobreza como un virus nos hace cambiar el foco desde tratar los síntomas (donar ropa, construir casas, etc.) hacia a erradicar la enfermedad misma.
En este sentido, es importante comprender las causas y mecanismos que hacen que la pobreza perdure a pesar de todos nuestros esfuerzos. Partamos por definir la pobreza como un tema de recursos, de no tener acceso a las cosas que se necesitan. Partamos también por definir el problema desde el punto de vista del sufrimiento humano, de garantizar a todos la oportunidad de alcanzar la felicidad. Ojo que bajo esta perspectiva puede haber pobres con plata, por así decirlo. De hecho, la mera palabra "bienes" proviene de lo que esperamos obtener de ellos, pero no necesariamente lo que realmente obtenemos.
Uniendo estas perspectivas las preguntas finales que quiero responderme son ¿Cuáles son las causas de fondo que generan NUEVA pobreza? y ¿Cómo generar, repartir y cuidar los bienes necesarios para optimizar la felicidad humana?
Con estas dos preguntas en mente, las próximas secciones detallan los factores que influyen en la generación, la distribución y el cuidado de la riqueza, tanto a favor como en contra. La idea es poder armar una película más bien completa de porqué la pobreza (como falta de riqueza), persiste.

1. Generando Riqueza

Productividad & tecnología

El problema de generar bienes es algo que la economía maneja bien, tal vez demasiado bien. Los avances tecnológicos han sido una y otra vez fuentes de enormes beneficios y prosperidad. Dicho desarrollo ha permitido esquivar muchas de las catástrofes predichas en el pasado y cambiarlos en muchas sociedades por niveles de bienestar sin precedentes. El crecimiento exponencial en la ciencia y la tecnología han provenido de la aplicación rigurosa de la razón y del método científico, así como de una explosión comunicacional global, que ha permitido transmitir ideas mejor que nunca antes en la historia.
A pesar de estas buenas noticias, es importante no sentarse en los laureles y confiar que la ciencia va a siempre solucionar todos nuestros problemas. Hay quienes ponen una fe casi religiosa en que va a haber crecimiento solo por el hecho de que las consecuencias si este no ocurre son difíciles de masticar. La terminología inglesa para este fenómeno me encanta: "wishful thinking", es decir, creer en lo que nos gustaría en vez de en lo real. En efecto, el futuro de la ciencia es siempre incierto. Ha habido periodos de regresión en la historia y ha habido estancamiento. Obviamente dudo que aparezca una forma tanto más eficiente de compartir o generar ideas que produzca otra explosión. Tampoco veo súbitas invenciones como la electricidad, el motor a combustión, etc. Hoy la vara está alta y el desarrollo es más incremental. Tal vez nuevas fronteras como la robótica o la genética nos den otro fuerte empujón, pero ello es imposible de predecir y estúpido de asumir.

El lema del rendimiento decreciente

Tampoco podemos predecir que nuestros procesos productivos van a poder escalar infinitamente. Existen sin duda formas de crear economías de escala, pero existe también la llamada ley de los rendimientos decrecientes. Es decir, si lograr un objetivo pequeño cuesta $1, lograr un objetivo el doble de grande no cuesta $2, cuesta más. Es fácil, por ejemplo, construir una casa de dos pisos, pero un edificio de 100 pisos no cuesta lo mismo ni es igual de trivial que cincuenta casas. Por el contrario, deben aplicarse complicados diseños y cálculos, así como materiales y procesos avanzados para lograrlo. Otro ejemplo es el petróleo, que inicialmente bastaba hacer un hoyo de poca profundidad para extraerlo de alta calidad, pero a medida que se acaban los yacimientos fáciles hemos de movernos a plataformas flotantes o, últimamente, "Petróleo de esquistos bituminosos". Existen, en efecto importantes límites y consideraciones a la idea de que la productividad vaya siempre a seguir creciendo al ritmo que nos gustaría que creciera.

Recursos

Otro límite importante a la cantidad de bienes que podemos producir son los recursos naturales. Tanto los no renovables (metales, petróleo, etc.) como los renovables (vegetales, animales, oxígeno, etc.) distan de ser infinitos. Estos son limites duros, impuestos no por nuestra creatividad, nuestra sociedad u otra fuente intrínsecamente humana, sino por la realidad misma. Nuestro desafío está en lograr el bienestar humano sin sobrepasar estos límites.
Algunos dirán sin embargo, que si son límites, entonces por naturaleza es imposible sobrepasarlos y las cosas se balancean por si solas. Esta forma de pensar es engañosa. En primer lugar, es cierto que al toparnos con límites duros se debe forzosamente alcanzar un equilibrio, las leyes de la física no van a doblarse si pedimos por favor. El problema es que a la realidad le es indiferente el ser humano, por lo que el equilibrio obtenido puede ser uno en que el ser humano se extingue o uno en que sobrevive en la miseria. Es tarea de nosotros definir qué tipo de equilibrio queremos y luchar por obtenerlo.
Tampoco es imposible vivir por sobre estos límites, al menos por un tiempo limitado. Podemos pensar en nuestros recursos como si se tratara de en una herencia en dinero, que nos permitiera vivir de los intereses. Otra opción sería tirar la moderación por la ventana y darnos la buena vida, quemando nuestra herencia en lujos y placeres, pero ¿luego qué? Las consecuencias de nuestra falta de visión a largo plazo no tardarían en hacerse evidentes, pero demasiado tarde para revertir nuestra forma de pensar. Los recursos de este planeta pueden verse como dicha cuenta bancaria, podemos vivir indefinidamente de nuestro ecosistema si vivimos gastando menos de lo que este es capaz de producir. También podemos sobreexplotar el ecosistema y comernos poco a poco nuestro capital, hasta que nos demos cuenta de que la cuenta está casi en 0 y de que de pronto no hay suficiente para vivir dignamente. Lamentablemente, parecemos haber tomado la segunda alternativa. 

2. Repartiendo la Riqueza

Per cápita

Lo primero que hemos de abordar al pensar en repartir bienes es ¿entre cuantos hay que hacer la repartición? Históricamente esto no ha sido un problema, puesto que en general el ser más era sinónimo de producir más, por lo que si cada cual produce el equivalente a lo que consume las cosas debieran equilibrarse. Esta puede haber sido la realidad histórica y hay muchos que aun piensan de esta forma, pero lamentablemente la realidad actual no es tan simple.
Y es que hay cosas que simplemente no podemos producir. No podemos generar más oxígeno en la atmósfera ni podemos generar más terreno en que construir nuestras casas. Hoy el planeta está lleno, verdaderamente lleno. En época de mis abuelos o bisabuelos uno podía en muchos lugares del mundo encontrar literalmente "tierra de nadie" y volverse el legítimo dueño tan solo con levantar una casa y ponerse a vivir en ella, contentamente explotando sus recursos. Hoy, evidentemente, no es así.
En el fondo, hoy nos estamos topando con los límites antes mencionados y con los rendimientos decrecientes. Cada nueva persona a la que queremos asegurar la felicidad requiere un lugar en que vivir, cosas para comer, capacidad de movilizarse y viajar, agua que tomar, energía para protegerse del clima o tan solo para entretenerse. Cada nueva persona que agregamos pone un peso adicional sobre nuestra espalda comunitaria que debemos cargar.
El ejemplo de Etiopía es interesante. Hace ya 30 años Etiopía ha tenido extrema pobreza, algo que la comunidad internacional ha intentado solucionar con mucha fuerza. Pero pese a todos los esfuerzos, las cosas no han mejorado en nada. Los mismos niños negritos con guata abultada y moscas en el pelo aparecen en los documentales, mientras muchos no comprenden como podemos tolerar que ello ocurra. No  hemos tolerado nada, la verdad, se han hecho esfuerzos enormes, pero en estos 30 años la población de Etiopía ha ido, en gran parte gracias a los recursos adicionales otorgados por la comunidad internacional, desde 33.5 millones a 86.5 millones, es decir, dos veces y media lo que era antes. En vez de ser cada etíope dos veces y media más rico (lo cual es conservador, el desarrollo normalmente es base para más desarrollo), siguen igual. De hecho, están peor, dado que terreno que antes era de cultivo hoy se debe dedicar a vivienda, a que no hay suficiente agua en el suelo para hombre y animales, haciendo que los posos se estén secando y la tierra desertificando. África en general paso de ser un exportador de alimentos a un importador. Como ven, lo bueno genera un círculo virtuoso, lo malo genera un círculo vicioso, todas las cosas están relacionadas entre sí.
Tampoco es evidente que cada nueva persona pueda contribuir su parte, proporcionalmente, a la sociedad mundial. Nos guste o no, hay decenas de motivos por lo que contribuir, aun teniendo la mejor de las intenciones, puede ser imposible. Me refiero a temas tan variados como el desempleo, la edad avanzada o simplemente gente discapacitada por una razón u otra. Nótese que no estoy entrando siquiera a mencionar a aquellos que, aunque activos, no generan verdadero bienestar, como delincuentes, soldados, etc.
Al final, si estamos hablando de cómo distribuir el bienestar, entre cuantos hay que distribuirlo es un factor crucial. Sobre todo porque la búsqueda de la felicidad humana no es un juego de suma cero. Es infinitamente preferible tener una persona feliz que tres personas infelices, a pesar de que el consumo de bienes sea el mismo. Si felicidad es lo que queremos lograr, lo primero es un punto a favor, mientras que lo segundo son tres en contra. En efecto, que haya tres personas en el mundo en vez de una no parece tener ningún valor intrínseco.
Hay muchos, entre los que me incluyo, que racionalmente han llegado a la conclusión de que una disminución global de la población puede ser una excelente idea. Es curioso que otros hablen de un decrecimiento de población como si del apocalipsis se tratara e indica sin duda que los indicadores que usamos para tomar decisiones no son los indicados. De cualquier forma, el control de población es una de las medidas más eficaces de disminuir la pobreza. Se estima que invertir $1 en fomentar la planificación familiar (http://www.gatesfoundation.org/What-We-Do/Global-Development/Family-Planning) tiene un retorno social de $7, es decir, podemos multiplicar la inversión varias veces, mejor aún, esto sin consecuencias negativas a largo plazo, como en la historia de Etiopía.
La ciencia nos dice que hay una importante correlación entre un tamaño familiar reducido, un buen nivel educacional y una buena calidad de vida. Dejo a ustedes determinar cuál de ellos es causa y cual efecto, pero debiera estar claro para dónde debiéramos ir.

 La desigualdad

Independientemente de entre cuanta gente se vayan a distribuir los recursos, es claro que la distribución nunca es pareja. Existe hoy en día una enorme desigualdad en muchos países, así como también mucha desigualdad ENTRE países. La desigualdad mundial, es decir, ambos factores compuestos, es simplemente espeluznante. Y es que el presupuesto anual familiar, para gente que en verdad se esfuerza y debe mantener a sus familias, puede ir desde  alrededor de 456 dólares hasta alrededor de 1.500.000.000 dólares. Para poner esto en perspectiva, una sola persona podría alimentar a 3.289.473,6 familias. Pensando conservadoramente en 5 personas por familia, estamos hablando de una sola persona, equivalente en sueldo a la cantidad de personas en un país como, incidentalmente, Chile (16 millones). No se cómo ponerlo en otras palabras, pero es imposible poner números como estos en perspectiva…
Nótese que hable de desigualdad en términos de renta anual, no de riqueza acumulada, de lo contrario, la película sería aún peor, mucho peor. Como si esto fuera poco, la desigual, lejos de ir desapareciendo, va en raudo aumento. Ya sea debido a que el que tiene plata para invertir es el que recibe los beneficios de la inversión o a que la automatización y la globalización han permitido generar negocios que venden a muchos y reparten entre muy pocos, la película en este sentido es más negra que boca de lobo… de noche... sin luna.
¿Importa en verdad que otros tengan más? Yo y gran parte de mi círculo de conocidos vivimos consideramos que vivimos bien pero no lujosamente, sin embargo, los números dicen que estamos dentro de los ricos, de hecho, dentro del 1% al 5% más ricos a nivel mundial (http://www.givingwhatwecan.org/why-give/how-rich-am-i), ajustado por poder de compra, dependiendo de la cantidad de hijos u otros dependientes. Poco podemos criticar entonces o tal vez no nos convenga hablar del tema, puesto que más redistribución nos dejaría con menos. Sin embargo, aquí es donde entran en juego las retroalimentaciones positivas y negativas (o círculos virtuosos y viciosos), puesto que está demostrado que en las sociedades más igualitarias no solo los más pobres están mejor, TODOS están mejor (http://www.ted.com/talks/richard_wilkinson.html). Al mejorar las garantías de salud, educación y otros disminuyen las inseguridades y miedos, decrece la corrupción, nuestras democracias se vuelven más efectivas, disminuye la violencia y la drogadicción y un largo, largo etcétera. Lo opuesto también es verdad, hasta el punto que los niveles actuales de desigualdad en USA, China y otros países, por sobre el 0.5, son considerados por agencias de gobierno como bordeando una revolución civil.
Sin duda no queremos que todos tengan o ganen lo mismo, sabemos que el comunismo no funciona y que no provee los incentivos adecuados para el progreso, pero tampoco nos sirve pasarnos al otro extremo (http://www.upworthy.com/9-out-of-10-americans-are-completely-wrong-about-this-mind-blowing-fact-2). Algunos (seguidores de Ayn Rand tal vez) dirán que lo que el rico ha ganado es por su esfuerzo y que los pobres son flojos o carecen de talento, pero este argumento simplemente no se sostiene. En primer lugar las circunstancias son tan importantes como el esfuerzo o el talento. Dudo que hasta Steve Jobs (el ejemplo típico) hubiera tenido ni un ápice del impacto si hubiera nacido en Etiopía. Nadie elige dónde nacer.
En segundo lugar, aún en USA dudo que hubiera sido exitoso si hubiera tenido que preocuparse de cultivar su propia comida y construir su propia casa. Ningún hombre es una isla y aquellos que surgen por sobre otros lo hacen porque se apoyan en otros, en empleados, servicios, gobierno o en la sociedad misma, muchas veces sin retribuir proporcionalmente. Los que tienes más tienen más por una mezcla de oportunidades, azar, esfuerzo y talento, propios y también ajenos. Al final, son dos los argumentos en pro de una sociedad igualitaria: conveniencia y justicia.

 Caridad

Otro tema importante al hablar de cómo distribuir el bienestar es el rol de la caridad y el altruismo. El problema con la caridad es que está llena de malentendidos. Odio cuando la gente estira la mano para recibir ayuda cuando no están dispuestos a ayudarse a ellos mismos, ¡la caridad no es un derecho!
Muchos dudan de que la plata donada sea gastada en forma responsable y/o eficiente. De hecho, hay estudios que indican que si de la vida humana a nivel mundial se trata, algunas instituciones pueden ser hasta 1000 veces más eficientes que otras en tener un impacto real. ¡Mil veces! Por suerte, están surgiendo meta-caridades (http://www.givewell.org, http://home.centreforeffectivealtruism.org/), empresas que se dedican a monitorear otras instituciones caritativas y descubrir cuáles son las mejores para invertir, tanto en términos de sus efectos positivos como en términos de potenciales impactos negativos.
El principal problema de la caridad, sin embargo, es que es un parche. Debiera ser usada como excepción en vez de como norma, pues de lo contrario no solo es evidencia de problemas sociales de fondo, sino que puede causar que dichos problemas perduren. Ejemplos como el de Etiopía, u otros gobiernos africanos que se han vuelto 100% dependientes de la ayuda extranjera, deben evitarse a toda costa. La caridad es un tema más difícil de lo que pensaba y aun no encuentro soluciones que me convenzan completamente (y pretendo buscarlas).
A final de cuentas diría que la principal razón para que no seamos más caritativos es nuestra imposibilidad de pensar en todo, de darle a nuestras vidas un alcance global cuando somos solo individuos. Somos en generales caritativos y bienintencionados con los que nos rodean, pero no vamos a buscar problemas más allá. Al mismo tiempo, muchas veces es la inseguridad la que nos detiene. ¿Puedo gastar en otros cuando no se si voy a tener suficiente para jubilarme, para educar a mis hijos o para combatir una posible enfermedad?
Son posturas válidas, reales y muy humanas. Por suerte leí que puede resultar igualmente efectivo donar ahora mismo que invertir uno la plata, dejar que crezca y donarla en el futuro. Argumentos hay a favor y en contra, pero la gente que sabe del tema no ha llegado a un consenso único y eso es indicativo de que ambas ideas son válidas. Tiene para mí todo el sentido del mundo ahorrar y, una vez que dejamos este mundo y no nos quedan más preocupaciones futuras, donar lo que al final no nos fue necesario. Lo importante de esta idea es que la plata sea efectivamente ahorrada y no derrochada en el intertanto. Es probable que en el tiempo se acumule un buen monto y si no podemos resistir la tentación de tomar esa plata y gastarla en un auto de lujo, una casa enorme o el último chiche tecnológico más vale donar la plata al tiro. Si los millonarios pueden hacerlo (http://en.wikipedia.org/wiki/The_Giving_Pledge) nosotros también y si nuestros hijos están bien establecidos donar a una buena causa puede ser una mejor manera de heredarles un mundo mejor que simplemente dejándoles la plata.
Al final, es un tema de vocación y de fuerza de voluntad. Requiere dejar de lado la ostentación y el consumismo al que la sociedad nos presiona constantemente y aprender a vivir en forma humilde sin que ello dependa necesariamente de cuánta plata esté disponible para gastar. Déjenme decirles por experiencia propia que no es fácil, si un cura pronuncia un voto de pobreza todos lo van a encontrar loable, pero que un tipo normal decida vivir humildemente o conservadoramente es impensable en Chile. Lo sé porque hasta el día de hoy gran parte de mi familia y amigos me consideran un cagado, parece haber una cierta expectativa de que hay que vivir al filo de que tu sueldo permita (y más bien pasado para el lado de la deuda) que nunca he logrado entender. Por mi parte, si bien me doy un lujito de vez en cuando, mis ideas de en qué es razonable gastar la plata no cambian porque me suban el sueldo y siguen siendo más o menos las mismas que eran cuando estaba en la universidad.

3. Cuidando la Riqueza

 El desastre ecológico

Hemos hablado de producción y de consumo, así como de recursos y límites pero poco hemos comentado de dónde nos encontramos exactamente ahora parados como humanidad. La verdad es dura y no va a gustarles: estamos parados al borde del precipicio. Fuentes he encontrado miles y diversas, pero la forma humana, realista pero a la vez esperanzada en esta charla es la que más me gusta: http://www.ted.com/talks/paul_gilding_the_earth_is_full.html.
Haciendo un resumen, tanto las personas individualmente como los políticos que controlan nuestras sociedades hemos estado pensando tan solo en el corto plazo y hemos derrochado a diestra y siniestra. Cuando nací (1981) el mundo era más igualitario, el clima más tranquilo y la población mundial era de 4.5 billones en vez de los actuales 7 billones. Estos números debieran aterrarnos a todos, en serio, no solo es un aumento de un 50% tan solo desde que nací, sino que la humanidad demoró millones de años en alcanzar un solo billón, hasta el 1800 para ser más exactos, pero sólo 127 años en el segundo (1927), seguido de 33 años para el cuarto (1960) y tan solo 14 años para el cuarto (1974). Desde ahí no hemos fallado en lograr otro billón de personas cada 12 años, en 1987, 1999 y 2011. En suma, millones de años en alcanzar un billón, poco más de 200 años en multiplicarlo por 7!!! Hoy se estima que la humanidad consume 1.5 veces lo que el ecosistema es capaz de producir, por lo que estamos a ciencia cierta derrochando la herencia que millones de años de evolución han construido para nosotros.
Hoy nuestro impacto sobre el ecosistema que nos mantiene es enorme. Aun así 200 años siguen siendo difíciles de abarcar en nuestras limitadas mentes y nos acostumbramos, un día a la vez a prácticamente todo. Así lo que antes hubiera sido impensable hoy se considera normal y lo que hoy es impensable será considerado normal mañana. A pesar de nuestra frágil memoria los cambios son evidentes y cada vez más rápidos y debieran tenernos más preocupados.
Es cosa de comparar las historias de mis abuelos con nuestras realidades actuales. Mis abuelos vivieron en una casa grande, salían a pescar y cazar y siempre volvían con algo, mientras que mi abuela iba a la playa a mover un poco en los pies en la arena para encontrar machas. El smog no había sido inventado y a nadie se le ocurriría ponerse cremas para protegerse del sol. Hoy no hay machas en la playa y los intentos de mi viejo de que lográramos pescar fueron más bien fútiles (http://www.ted.com/talks/daniel_pauly_the_ocean_s_shifting_baseline.html). Mientras tanto el factor 40 es pan de cada día, no parece que pase un día sin que haya otra catástrofe climática en algun lugar del mundo y el smog ha sido parte de nuestras vidas por décadas al punto que cada vez que llueve nos sorprendemos de lo cerca que están las montañas.
Y todo esto no es más que nuestra propia experiencia anecdótica, lo que podemos observar y recordar como limitados individuos. Los números y la ciencia son mucho más crudos tanto al estimar que más de 10.000 especies desaparecen cada año, (http://wwf.panda.org/about_our_earth/biodiversity/biodiversity/) y que cada año estamos batiendo récores en temperatura global, número de catástrofes climáticas, etc. En el fondo, estamos causando un desastre ecológico nunca antes visto, cuyas verdaderas consecuencias no creo podamos siquiera comprender. Peor aún, no sólo no hemos reaccionado a tiempo, sino que no parecemos estar reaccionando en absoluto.

Sustentabilidad

En todo caso, ¿Por qué mencionar el tema ecológico en medio de un ensayo sobre pobreza? Bueno, porque si de síntomas de pobreza se trata, este es uno de los principales. No solo causa enormes daños materiales (una pérdida neta e inmediata), sino que nuestros bienes se encarecen y vuelven menos diversos, mientras que nuestra calidad de vida disminuye. Si de lograr maximizar la felicidad humana se trata, tenemos que pensar en las personas que vendrán mañana tanto como en las que viven hoy.
Aquí es cuando la entra en juego la famosa sustentabilidad, es decir, nuestra capacidad de vivir bajo los límites que la naturaleza nos impone, de una forma que pueda sostenerse indefinidamente en el tiempo. El problema es que estamos acostumbrados a idolatrar un concepto muy distinto: el crecimiento. Nos han dicho que el crecimiento no solo es positivo sino indispensable, cuando la realidad no es así. Ciertas formas de crecimiento son deseables (como el crecimiento en productividad), pero la mayoría representan tan solo un beneficio en el corto plazo, con un costo mucho mayor en el futuro, algo parecido a un crédito. Espero haberlos convencido ya de que hoy estamos hasta el cuello con los créditos tomados por nuestros padres. Así como un crédito financiero, el crecimiento debiera ser considerado una herramienta más, con pros y contras a ser evaluados y reevaluados de acuerdo a las necesidades y a las posibles consecuencias. Y es que pocos entienden que crecimiento constante y sustentabilidad son incompatibles por definición. ¡He conocido gente que está a favor de ambos!
Otro problema con la sustentabilidad es idéntico al de la desigualdad, las responsabilidades tampoco parecen estar distribuidas como corresponde. Si otros se vuelven más responsables entonces la necesidad de que YO sea responsable disminuye. Asimismo, si los beneficios del crecimiento los obtengo yo pero los costos los pagamos entre todos, me conviene crecer. Y es así como caemos en la tragedia de los comunes, con los países disputando quién debiera hacerse responsable sin que nadie quiera sacrificar sus propios intereses por el bien común. En la economía, algunos han llamado a este fenómeno "privatizar las ganancias, socializar los costos". Es un fenómeno humano bien estudiado y profundamente lamentable, cuyo equilibrio de Nash en este caso garantiza que todos alcancemos la peor situación posible. Espero que si la humanidad desaparece la siguiente especie en evolucionar inteligencia (si alguna sobrevive) descienda de las abejas o las hormigas.
Kant postulaba un acto era moral, si al realizarlo desearía que todos hicieran lo mismo (https://en.wikipedia.org/wiki/Categorical_imperative). Sin entrar en una discusión filosófica profunda, pues hay muchos otros postulados interesantes, creo que esta es una buena guía práctica. No puedo matar porque no me gustaría vivir en un mundo donde todos mataran. Asimismo, no puedo botar basura pensando que total otro va a recogerla, porque podemos imaginar el resultado si todos decidiéramos botar basura. Al final, actuar moralmente implica asumir mi parte de responsabilidad sobre los intereses de todos y actuar en consecuencia, sin tirarle la pelota a otros. Es esta la razón por la que considero inmoral decidir tener más de dos hijos, porque es insustentable en el mediano plazo y entiendo las consecuencias de semejante acto si todos siguiéramos ese camino. Puedo ver además que ese fue en efecto uno de los grandes errores de nuestros padres y gran parte de la causa de que estemos donde estamos. El mismo principio moral aplica a todo lo demás que he mencionado.

 La destrucción

Otra cosa que debiéramos evitar a toda costa es la destrucción de los bienes que tanto nos ha costado construir. A veces un poco de destrucción es necesaria, por ejemplo al renovar una casa, pero en general es un derroche triste y estúpido. No dejo de pensar en esto cuando veo un grafiti en el muro o cuando recuentan en las noticias los daños de esta u otra protesta. Tampoco puede evitar ese sentimiento de intensa frustración cuando veo noticias de guerra y como muchos parecen ver en ella algo glamoroso o heroico. En mi humilde opinión, la destrucción en sí misma, tanto a nivel individual como colectivo, debiera ser considerada como el mayor pecado en cualquier religión y en cualquier sociedad. Si la felicidad humana es nuestro objetivo, ¿qué sentido tiene luchar por dar un paso adelante si luego estamos dispuestos a dar dos para atrás?

4. En suma

De las 3 secciones anteriores, podemos concluir:
·         Tenemos la capacidad de crear enormes pero no infinitas cantidades de bienes materiales.
·         La caridad tiene un rol y todos debiéramos pensar en cómo afecta nuestras propias vidas, pero no es la solución final, ataca un síntoma.
·         A final de cuentas si queremos mejorar la calidad de vida de las personas es importante entender que es mejor ser pocos y felices que muchos e infelices. H
·         Hay que asegurar que la repartición del bienestar sea justa y equitativa, pero no idéntica.
·         Derrotar verdaderamente las causas de la pobreza y del sufrimiento humano requiere ante todo que el hombre evoluciones más allá de su mirada cortoplacista, egoísta y destructiva, solo entonces estaremos en posición de construir. Lamentablemente estas posiciones están en nuestros genes mismos: son limitaciones físicas, mecanismos de supervivencia, etc. La única forma de lograr estos objetivos es siendo constantes en educar a las personas y difundir estas ideas.